Por Fernando Vallone para Sin Corrupción
La corrupción produce un enorme daño, pero lo hace de manera sigilosa. El sigilo no se relaciona con la forma de actuar de los corruptos, que generalmente, sintiéndose impunes y poderosos, actúan burdamente.
Esa característica deriva de otro fenómeno: no suele haber inmediatez entre el hecho de corrupción y el daño que ésta genera. Aparecen variables intermedias, naturalmente provenientes de ese flagelo, que son las que directamente ocasionan los perjuicios.
Durante los procesos de crisis, originados por hechos de corrupción, éstas variables suelen ser fácilmente identificadas, pero rara vez se denuncia de donde provienen.
Si se intenta combatir esos síntomas, sin atender y detectar que ellos se originan en la corrupción, el proceso crítico concluirá en un desenlace desastroso.
Es común que durante el desarrollo de éste tipo de crisis los analistas, los protagonistas y la opinión pública sitúen el foco en dichas variables intermedias, sin tomar conciencia –dolosamente o no- de que éstas provienen de los hechos de corrupción.
También influyen otros índices, supuestamente positivos, que lejos de variar el rumbo, son paliativos que tan solo sirven para camuflar la real dimensión de la crisis y su génesis.
Todos suelen percatarse de que el enfoque es incorrecto cuando ya es demasiado tarde. La crisis de River sirve para graficar esa idea. Esa institución viene sufriendo desde casi una década graves hechos de corrupción producidos por varios sectores (dirigencia, empresarios, barras bravas y periodistas) que se asociaron para enriquecerse a costa de ese club. Esto causó un terrible deterioro financiero en River.
Durante todo el proceso las críticas y búsqueda de explicaciones se concentraron en variables accesorias (plantel profesional poco competitivo, críticas a decisiones de la dirección técnica, destrucción del semillero de las inferiores) que son simples consecuencias del desfalco causado por la corrupción.
Los pocos síntomas positivos (el regreso de un emblema, las falsas promesas de una nueva autoridad, algún triunfo importante) también cumplieron su cometido desorientador.
Durante todo ese proceso no había voces que denunciaran a la corrupción. El análisis estaba perdido en esas otras coordenadas.
Recién por estos días, cuando el proceso ya concluyó y se cristalizó en un fracaso deportivo histórico, se empieza a hablar de la corrupción como la causa principal del daño.
Muchos ya acusan públicamente a esos verdaderos culpables. Pero ya es tarde. Las consecuencias ya están a la vista. Que sirva para algo.

[...] Fernando Vallone ha escrito sobre el enorme daño de la corrupción y la falta de voces para denunciarla. No me queda claro todo los detalles de la corrupción presunta al fondo de este historia tan trágica. Lo que yo sí entiendo es que la mezcla de corrupción, el poder, la soberbia, la plata, y tratos hechos en la oscuridad son temas los que forman parte del mundo deportivo en todas partes. [...]
La corrupcion es EL PROBLEMA Argentino. Sin ella, seriamos una potencia mundial. Sin exagerar