Lo dijimos reiteradamente desde estas páginas y también el martes a la tarde en el espacio semanal en el programa de radio de María O´Donnell por Continental. De la misma manera que en los delitos de lesa humanidad, en determinadas ocasiones, los impulsos provinieron desde fuera.
Nuestro país evidentemente no cuenta con las decisiones políticas necesarias para modificar el estado de impunidad vigente en materia de delitos económicos y -menos aún- de corrupción. Los ciudadanos somos rehenes de los jueces y fiscales que muchas veces no tienen ni voluntad ni capacidad técnica para investigar a estos hechos complejos.
La decisión de un fiscal suizo de examinar la proveniencia de fondos depositados en ese país por una empresa aparentemente asociada al titular de la CGT demuestra inequívocamente que existen formas de sobrepasar estos obstáculos domésticos. Más allá de las falencias que contenía el exhorto diplomático, el principio que contiene es positivo.
En el caso judicial, sobre el que publicamos desde estas páginas, que presentó la ONG francesa Sherpa contra tres dictadores africanos que tienen activos en ese país, la Cámara de Casación de ese país dispuso que el origen ilícito de las propiedades debe investigarse. ACIJ está manteniendo conversaciones con Sherpa para llevar adelante casos argentinos en Francia y otras jurisdicciones.
Por supuesto, estos pequeños avances deben celebrarse y constituyen una demostración más de que si la justicia se busca en algún momento llega. IBM-Anses fue una puñalada para quienes venimos siguiendo estos temas. Una de cal y una de arena para estos últimos días, como suele suceder.



